El Periódico (4/01/2020)

Haciendo un ejercicio de periodización, podemos considerar que se inicia el proceso independentista con la gran manifestación del 11 de septiembre de 2012 en la que la ANC logra convocar a cientos de miles de personas en las calles de Barcelona (entre 600.000 y dos millones según las fuentes) bajo el lema ‘Catalunya, nuevo Estado de Europa’. En ese mismo otoño, CiU abraza por primera vez en su historia las tesis independentistas. Desde entonces ya lo largo de cinco años se vive una enorme movilización social, política e institucional en nuestro país, un quinquenio que termina transformando la vida política catalana y española. La cuestión nacional pasa a ser la central en el debate político catalán, consolidándose una política de bloques novedosa y constituyéndose una mayoría parlamentaria inédita: CiU, ERC y CUP. Este periodo se cierra con las elecciones del 21-D de 2017, después de la intensidad de los hechos de octubre y de las graves consecuencias penales que provoca (con presos y exiliados).

Desde entonces hasta el día de hoy se ha vivido en la vida política catalana un largo periodo de transición. La situación es de bloqueo: una presidencia más preocupada por el simbolismo que por gobernar, unos partidos que comparten ejecutivo que no se entienden y unas consejerías sin recursos al no poder aprobar unos presupuestos. Los diferentes actores en juego saben que la etapa anterior se ha agotado pero el equistamiento del conflicto, sobre todo debido a la judicialización de la política, es demasiado importante como para que esta mutación se pueda materializar.

En este sentido, el éxito de la moción de censura a Mariano Rajoy y al PP en mayo de 2018 supuso una apertura de oportunidad de cambio pero que se cierra con el asunto del relator. Con las elecciones de abril de 2019 los números para repetir la correlación de fuerzas anterior, pero los diferentes actores protagonistas no llegan a acuerdos. Los comicios del 10-N de 2019 son, contra todo pronóstico, simplificadores. Al PSOE solo le queda una opción para hacerse con la presidencia: un acuerdo de izquierdas y plurinacional. En la investidura que este sábado ha comenzado, Pedro Sánchez se convertirá en presidente con una inevitable triangulación con Pablo Iglesias y Gabriel Rufián. Y es este el episodio que no solo posibilita el desbloqueo en el Estado sino también de Catalunya. Puede ser, pues, el momento de final del ‘procés’ y el inicio de otras dinámicas y alianzas. El mal ambiente de estos días en las redes sociales independentistas apunta hacia dos mundos (como mínimo) cada vez más alejados.

Sin renunciar al objetivo independentista, al contrario, buscando vías efectivas para que algún día pueda materializarse si así lo desea una mayoría ciudadana, ERC ha entrado a negociar fuerte la investidura con los socialistas. Los dirigentes del partido republicano entienden que solo puede tener éxito la estrategia que ya comenzaron a esbozar después de los hechos de octubre (bilateralidad, pacto, grandes mayorías) si en Madrid hay un cambio de escenario. Si se tejen alianzas con las fuerzas de progreso del Estado. A la vez saben, por estudios demoscópicos, que las mayorías sociales en Catalunya conectan mejor con su apuesta que con la del mundo posconvergente. No ha sido fácil para los de Junqueras. Pero seguramente han dado el paso que les puede llevar a convertirse en el actor central no solo del independentismo sino de vida política catalana. Y a ser una de las la fuerzas sobre las que pivote un futuro acuerdo territorial.

gemmaubasart
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