La Vanguardia (6/11/2019)

Los cinco hombres cabezas de lista de los partidos de abasto estatal llegaban al plató televisivo con el peso de saber que, según el CIS, un 7% españoles cambió de voto a raíz de los debates de abril. En aquel entonces, la brillante intervención de Pablo Iglesias salvó los muebles a la formación morada. Las campañas siempre le han probado a Podemos. Dicho esto, el debate de ayer fue más plano y en el marco de lo esperable. Según mi opinión, presentó menos elementos de alteración de las tendencias de voto que los celebrados antes del 28A.

En la puesta en escena, ganaron los Pablo(s). Iglesias consiguió construir un marco propio, una propuesta progresista y plurinacional. No tubo que esforzarse mucho porque Sánchez le dejó libre un gran espacio. Casado supo encontrar su tono y discurso, facilitó la vuelta a casa de parte del electorado conservador que había probado suerte en Ciudadanos. Pidió el voto útil del ala derecha del tablero. Abascal no participó en el debate: habló para su público. Su propuesta ultra española la imbricó con la extrema derecha internacional criticando a la inmigración y la UE. Fija los buenos pronósticos demoscópicos.

Sánchez, desdibujado, escenificó un viaje hacia al centro (a veces, hasta un poco más). Su objetivo, escapar de la correlación de fuerzas de la moción de censura: tono socio-liberal y dureza frente la crisis catalana. Será interesante observar si la competencia centrípeta, en nuestras sociedades tensionadas, moviliza votante y/o atrae de nuevo. Rivera quiso retener los apoyos que se le escolan de las manos con la ya por todas conocida estridencia y sobreactuación. El bazar naranja no parece que le pueda salvar de la desbandada de apoyos que dibujan las encuestas.

gemmaubasart
Share
This

Post a comment