El Mundo (7/06/2019)

Laura Borràs, diputada de JxCat en el Congreso, apelaba en el día de ayer a la empatía del monarca en relación a los diputados y activistas presos. La reunión entre el rey y Borràs, que acudía a la cita en substitución de Jordi Sánchez,  se extendió a lo largo de más de una hora. Un encuentro que ella misma caracterizó como educado y en el que se fueron desgranando diversos temas, desde la lejanía de posicionamientos pero con un marcado tono institucional. A diferencia de ERC, el espacio postconvergente había decidido acudir a la Zarzuela. Y si no lo podía hacer su número uno, representaría al grupo la lideresa que llevó sobre sus espaldas el grueso de la campaña.

Borràs, proveniente del mundo de la cultura y politizada en el 1-O, representa muy bien una nueva “hornada” de representantes públicos en Cataluña. Sin militancia previa pero con una  dilatada vida en el mundo asociativo e intelectual. Su acercamiento a la cosa pública podríamos definirlo como idealista y emocional (en su acepción positiva del término) capaz de conectar con una parte de la ciudadanía desde la calidez y la proximidad. Quizá Borràs también sea exponente de un sector social que se va configurando como un espacio político y electoral con unas características propias: identitario en la cuestión nacional, vago –al menos discursivamente- en la cuestión ideológica. Eso sí, con una abstracta sensibilidad social y un acercamiento crítico a las formas tradicionales de hacer política.

Me dirán que se trata del clásico voto convergente. Sí y no, vamos por partes. Puede asimilarse a ciertas lógicas del pujolismo en sus años de máximo esplendor (segunda mitad de los ochenta, inicios de los noventa) donde este conseguía captar apoyos en un amplio espectro ideológico. La ecuación Pujol=Cataluña consiguió unir bajo un mismo paraguas a sensibilidades plurales y también apolitizantes. Ahora bien, esta realidad dista bastante de lo que buscan algunos de los más destacados dirigentes del PDECat que desean delimitar un espacio político liberal, centrado, de orden. Un espacio político que reconstruya puentes a través del diálogo, la negociación y el pacto. El proyecto de Marta Pascal, Carles Campuzano o Jordi Xuclà se encuentra cada vez más lejano del que puede representar una Laura Borràs. Tanto que en las próximas elecciones catalanas podría materializarse en dos ofertas electorales distintas.

Pero volvamos al inicio. Empezaba el artículo haciendo referencia a la empatía. El contencioso catalán solamente se resolverá con una buena dosis de ella. En todos los bandos. Pero a la vez, analistas y periodistas sería bueno que intentaran hacer un acercamiento empático a actores y hechos. Seguir utilizando las claves analíticas del pasado impide comprender el hoy en su complejidad y a la vez provisionalidad.

Y es que han pasado muchas cosas en último quinquenio en Cataluña. Sin tenerlas en cuenta poco podemos comprender el fenómeno  JxCat o el efecto Carles Puigdemont (dentro y fuera del país). El terremoto de los “hechos de octubre” y la consiguiente judicialización de la política ha transmutado los cimientos “dados por descontados” en parte de la clase política y la ciudadanía. Las bases sobre las que transcurría la vida común desde la recuperación del autogobierno en 1980 se han visto erosionadas. Porque no se trata fenómenos experimentados por una minoría activa de ciudadanos como sucede con gran parte de las protestas y conflictos sociales en la Europa Occidental. Cuando la mitad de la población (porcentaje arriba o abajo) da apoyo a una estrategia unilateral y desobediente, ciertas cadenas con el orden político y social se rompen. También si eras de derechas o de orden… Y también si pasabas de la política.

gemmaubasart
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