Del 28-A al 26-M

El Mundo (8/05/2019)

EN MENOS de un mes se habrán celebrado en España las elecciones generales, las municipales, las europeas y las de las comunidades autónomas de régimen común. En menos de un mes se habrá librado también la batalla que marcará cómo se consolidan las transformaciones operadas en el sistema de partidos políticos y en los patrones de comportamiento electoral que se dibujaron en la post-transición. Estos cambios empezaron a desarrollarse con las elecciones en el ciclo 2014-16 y quizá pueden clarificarse en este segundo bloque de citas electorales.

En aquel entonces dos fueron los fenómenos que convulsionaron la vida política española. En un primer momento la llegada de Podemos y Cs supuso la ruptura del tradicional bipartidismo que producía alternancia entre derecha e izquierda. El sistema de partidos del dos y medio entraba en crisis con la irrupción de dos partidos de tamaño mediano en claro desafío al propio sistema electoral. En un segundo momento fue la disputa por la hegemonía en el ala izquierda del tablero. Podemos había llegado para quedarse, pero los dirigentes socialistas se resistían a aceptar que no se trataba de una fiebre pasajera. A la vez, el partido morado aún tenía en su horizonte la posibilidad de sorpasso, inspirándose en sus compañeros griegos de Syriza.

En la actualidad, otros dos elementos han jugado claramente en los resultados y en la redefinición de las estrategias futuras de los distintos actores políticos. El primero, la traslación del debate nacional en el ámbito estatal. Si bien «el problema» territorial/nacional nunca se ha cerrado en España, podía afirmarse que hasta el momento no había impregnado la discusión en unas elecciones generales. El segundo, la disputa por la reconfiguración del ala derecha del tablero. El partido-paraguas de la derecha española, que conseguía unir bajo un mismo proyecto a liberales, democratacristianos, conservadores y ex franquistas, implosionó. Y Cs, PP y Vox se resitúan en este escenario.

Las elecciones del 26-A van a vivirse como una segunda vuelta en la dirigencia de los partidos políticos. Aquellos que superaron con éxito (o relativo éxito) la contienda de las generales, no tienen ningún incentivo para cambiar relato y objetivos a media parte del partido. Así pues, el PSOE difícilmente va a abrir el melón de los pactos de gobierno y/o investidura hasta el mes de junio. No mezclarse mucho con Podemos ni independentistas, pero tampoco cerrar ninguna puerta. Los barones exigen prudencia. El partido lila, aunque ha sufrido un importante retroceso respecto a 2016, puede ser más influyente que nunca. Además, los resultados han mejorado previsiones y esto siempre sienta bien. A Ciudadanos le sucede lo contrario: un gran augmento de diputados y una menor capacidad de influir. Su objetivo claro: el sorpasso al PP.

El PP, el principal perdedor del 28-A, no puede hacerse una enmienda a la totalidad en media campaña. Queda poco serio ofrecer un viernes ministerios a Vox; y en menos de una semana llamarlos extrema derecha y tratarlos como apestados. Si hay cambio estratégico, este va a tener que esperar. Ahora bien, y aunque la situación sea oscura en el partido azul, sería muy precipitado dar por muerta a una organización con una radicación territorial y una capacidad de resiliencia, contra viento y marea. Quizá ya no va a recuperarse el escenario en que una única fuerza política retenga todo el voto de derechas, ahora bien, no tiene porque producirse una PASOKización del PP. Y si esto no sucede, Ciudadanos también quizá se reinvente. Pero para ver la continuación de la serie, deberemos esperar a una nueva temporada.

gemmaubasart
Share
This

Post a comment