El Diario (24/02/2019)

En los últimos días se han ido publicando, en varios medios de comunicación, encuestas y estimaciones para las elecciones generales del 28 de abril. La precipitación con la que se ha convocado la cita electoral ha generado una sed de datos en políticas, comunicadores, analistas y ciudadanía en general. Hay nervios en las direcciones de partido. A contrarreloj, deben elaborarse las candidaturas para las legislativas (que se suman a las que ya estaban trabajando en los municipios, europeas y en las autonomías de régimen común). Las y los ciudadanos también se muestran preocupados en cómo va a resolverse el ciclo electoral de 2019. Este será el segundo ciclo electoral completo desde la ruptura del bipartidismo hace ya cinco años. El sistema de partidos que se dibujó en las elecciones preconstitucionales de 1977 mantuvo una relativa estabilidad hasta la llegada inesperada de Podemos en el tablero político y electoral español.

La mayor parte de las encuestas citadas, lejos de ayudar a acotar el campo de juego, dibujan un escenario muy abierto. Aún hay mucho juego por delante. Afrontamos unas elecciones con una alta volatilidad declarada (tasa de ciudadanos que modifican su opción de voto de unas elecciones a otras) y unos importantes niveles de indecisión que no se resolverán hasta fechas cada vez más próximas a las elecciones. Pequeños cambios de voto y de movilización pueden ser definitivos.

Pero es que además estas elecciones no solo van de obtener votos sino, y sobre todo, de conseguir que estos puedan convertirse en representación institucional. La gran fragmentación del sistema de partidos (cinco), junto con un sistema electoral pensado en 1977 para dos partidos estatales (y medio), puede acabar generando unos resultados muy diferentes entre votos y escaños. En España la mayor parte de circunscripciones generan un efecto mayoritario, por su pequeño tamaño, aunque se aplique la fórmula d’Hondt que es proporcional (corregida). Las circunscripciones pequeñas solo van a repartir entre los dos primeros partidos y las medianas pueden ampliar a alguno más. Es por esto que va a ser de extrema importancia el orden en el que queden los cinco partidos en las diversas circunscripciones.

Existen tres escenarios aritméticos, pero también políticos, que pueden acabar materializándose.

El primer escenario: la reedición del bloque de la moción de censura con un importante acento en la España progresista y plurinacional (digámosle vía pacto de San Sebastián). Sería la opción preferida por Pedro Sánchez (que no por todo el PSOE), Podemos y PNV. Y el sector político-pragmático del independentismo.

El segundo: un acuerdo entre el Partido Socialista y Ciudadanos recuperando el pacto entre Sánchez y Rivera de 2016, socio-liberal en lo económico, uniformizador en lo territorial (vía IBEX). Esta alianza sería bien vista por barones y vieja guardia del PSOE, una parte de Ciudadanos que no quiere verse atrapada para siempre en el ala derecha del tablero político y el establishment económico/comunicativo español y europeo.

El tercero: la consolidación de un bloque de las derechas transitando pactos de gobierno y/o de legislatura entre Ciudadanos, PP y Vox (vía Andalucía). Este genera entusiasmo a diferentes intensidades entre los actores: mucho en Vox, importante en el PP y más contenido en C’s.

El juego ha empezado y, encuesta en mano, los y las estrategas de partidos han comenzado a dibujar sus estrategias de campaña.

 

gemmaubasart
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